Las aventuras de Paco y Mary 1:

La invasión de los Wakrim

En un remoto lugar del norte de México, existía un pueblo al lado de las vías del tren. Si alguien se paseara por ahí, encontraría que era el único lugar habitado a kilómetros a la redonda; de ahí su nombre: Soledad. Y no solo eso, sino que también se percataría que la tierra era árida y el viento seco, a excepción de la cima de una pequeña colina a la distancia, en donde podría apreciar un inmenso árbol verde, floreado de hermosos brotes amarillos. Pero Soledad, no era esa colina, y ninguno de sus habitantes la prestaba la más mínima atención.

Una niña salió de una de las casas, y se dirigió calle abajo, esquivando los pequeños charcos que había dejado atrás la tormenta. Soledad no era un lugar grande, es más, era tan pequeño que solo contaba con dos calles de terracería, perpendiculares entre sí.  A Mary le gustaba pensar que el responsable de ellas había sido un gigante que, hacía mucho tiempo, pasó por ahí y dibujó una cruz en la tierra. No sabía cual habría sido su razón de hacer tal cosa, pues ¿quién osaría conocer los secretos y propósitos de tan grandes y misteriosas criaturas? Lo que sí sabía, en cambio, es que eventualmente sus antepasados se asentaron ahí y construyeron un pozo justo en el centro, donde las calles se intersectaban. Ahora el pozo rebozaba de agua, lo cual era bueno. Las continuas y fuertes sequias habían secado el riachuelo hacía tiempo, por lo que dependían completamente del pozo para sobrevivir. Es por esta misma razón que, cuando había empezado a llover la noche anterior, se apresuraron a sacar cubetas y contenedores para recolectar el agua. Pero el chubasco se intensificó tanto que todos se resguardaron en sus casas, temerosos de las inclementes centellas en las nubes y de los truenos que embestían sus oídos. Mary jamás había presenciado una tempestad tan fuerte como aquella, pero ahora, gracias al cielo, todo había acabado y los rayos del sol acariciaban su piel con calidez. Era sin duda un día hermoso. Un día perfecto para jugar a los exploradores con Paco.

Paco vivía en la última casa al oeste del pozo. Mary llamó a la puerta y les dio los buenos días a sus padres.

-“Mary, cuando regresen recuérdame darte el mantel que me prestó tu mamá la semana pasada.”-dijo la madre de Paco.

-“Si, señora Julia”-respondió Mary. Y pronto Paco y ella estuvieron en camino hacia su base secreta. Esta se encontraba algo alejada, fuera del pueblo y al otro lado de las vías del tren.

Caminaron un rato hasta llegar a una pequeña hondonada, cuyo fondo estaba lleno de rocas de diversos tamaños, las cuales se acomodaban obedientemente a sus necesidades imaginativas.  Un día podían ser una serie de obstáculos, perfectos para hacer una cacería mucho más interesante; otros eran grandes y poderosos castillos, o la tenebrosa guarida de vampiros; pero hoy, serían las contenedoras de antiguos fósiles de dinosaurio.

Paco y Mary giraron a la derecha y comenzaron el corto descenso por una ladera. Al llegar abajo, se podía ver una pequeña grieta, ligeramente oculta por unos arbustos, en una de las pendientes del lado contrario. Esta era demasiado angosta para un adulto, pero Paco y Mary cabían perfectamente. Dieron sus primeros pasos a través de ella, y pronto se abrió en lo que parecía ser una pequeña cueva. En el piso había cobijas y pedazos de cartón, y las rasposas paredes estaban adornadas con dibujos y collares. Al fondo, había una repisa improvisada, la cual contenía velas, unas cuantas botellas de agua, galletas y cerillos. Mientras que, en una esquina, estaba su arsenal de juguetes: una pelota, un oso de peluche, y dos averiadas espadas de plástico. En fin, era una perfecta base secreta.  

 Paco y Mary jugaron hasta poco después del medio día cuando sus estómagos les recordaron que era la hora de comer. Antes de irse, Mary se colgó una botella de agua al cuello, pues siempre le daba sed en el camino de regreso, y se marcharon de vuelta a casa.

Iban cruzando las vías del tren cuando se dieron cuenta que una figura con los brazos cruzados, y recargada a la sombra de una de las casas, los observaba.

-“Mira, es el viejo Miguel”-dijo Paco, con una mano sobre sus ojos para protegerse del sol.

-“¿Qué crees que haga ahí parado?”-preguntó Mary

-“No lo sé. Debe estar esperando a que la comida esté lista.”

-“O tal vez se está ocultando de su esposa.”-apuntó Mary, y ambos rieron.

Estaban pasando cerca de él cuando Paco lo saludó –“Buenas tardes Don Miguel.” Pero en lugar de regresarle el saludo, como usualmente lo hacía, permaneció con la vista al frente, sin prestarles la más mínima atención.

-“¡Buenas tardes Don Miguel!”- repitió Mary más fuerte, con las manos alrededor de la boca. Pero tampoco hubo respuesta.

Los dos niños se miraron extrañados.

-“Debe estar de mal humor”-propuso Mary y continuaron su camino.

Iban llegando a la casa de Paco cuando este vislumbró a su padre en el terreno de al lado, acuclillado y manchado de lodo, y con un lote de ladrillos recién hechos ordenadamente alineados a su lado.

-“Nos vemos luego Paco”-se despidió Mary

-“Espera”-le recordó Paco, agarrándole de la mano-“no olvides el mantel de tu mamá.”- y entraron a la casa, pero se detuvieron al ver la estatua de una mujer cerca de la mesa, justo en el extremo donde se encontraba la jarra y los vasos.

-“¿Por qué tienes una estatua en el comedor?”- preguntó Mary, extrañada, cuando Paco fue corriendo hacia la estatua para mirarla más de cerca.

-“¿mamá?”-dijo, asustado. Luego retrocedió un poco y empezó a llamar a su madre desesperadamente, mientras recorría toda la casa en busca de ella. Mientras tanto, Mary se había quedado muda, y se quedó contemplando la estatua. No cabía duda, se parecía demasiado a la Sra. Julia.

Mary detuvo a Paco cuando pasó junto a ella-“Debe estar afuera”-logró decirle-“de seguro tu papá sabe dónde está.” Así que ambos se apresuraron fuera de la casa, pero cuando llegaron con el padre de Paco se dieron cuanta que él también era una estatua. 

-“No puede ser”-susurró Mary, mientras un escalofrío recorría su espalda. Entonces se fue corriendo hacia su casa, pero obtuvo la misma bienvenida que Paco.

Paco y ella se pasaron la siguiente hora recorriendo el pueblo completo, entrando y saliendo de las casas, y gritando el nombre de todo el mundo a voz en pulmón. Al final, sentados con la espalda recargada en el pozo, se agotaron sus esperanzas: todos se habían convertido en piedra.

Los dos estaban agarrados fuertemente de la mano, y miraban al suelo con mirada pérdida, pues estaban demasiado impactados para llorar. Entonces Paco, dándose cuenta de repente de la sed que tenía, le pidió a Mary que le diera un Poco de su agua.

-“Esta vacía”- respondió ella, volteando y sacudiendo su botella de plástico.

-“No te preocupes, la llenaré en el pozo”. Paco se levantó, agarró la botella y la introdujo en el agua. Estaba a punto de beberla cuando una voz chillona lo detuvo.

-“¡No tomes eso!”- gritó la voz. Paco bajó la botella y Mary se levantó, sobresaltada.

-“¿Quién dijo eso?”- preguntaron al unísono.

-“No tomes el agua.”-respondió la voz.

Paco miró la botella –“¿por qué no?”-preguntó, con el seño fruncido.

-“Porque… ¡por que lo digo yo!”-dijo la voz. Y de repente una figura muy extraña apareció al otro lado del pozo, se trepó a este, y con pasos veloces caminó alrededor del borde de piedra y tumbó la botella de la mano de Paco de un manotazo.

-“¡Listo!”- dijo con voz triunfal, las manos en la cintura y  una gran sonrisa en el rostro. Luego se volteo a ver a los niños, quienes lo miraban boquiabiertos.

Se trataba del ser más extraño que habían visto en toda su vida. Tenía dos brazos y piernas como cualquier humano, pero estos eran muy delgados y cortos. Su piel o, más bien, su pelaje, era de un color anaranjado claro, y era muy largo en el tronco mientras que en sus extremidades era corto y ligeramente más oscuro. Esto hacía parecer como si tuviera puesto un chaleco muy largo, gordo y peludo. Su rostro tenía un aspecto bastante humano, a excepción de que también estaba cubierto de corto pelo naranja, el cual se hacía más largo en la cabeza, y tenía elegantemente peinado de lado. Pero lo que más sobresalía, era su prominente bigote, similar al de una morsa. Por ultimo, no estaba descalzo, sino que usaba unos zapatos negros de charol y un moño rojo con verde en el cuello.

La criatura levantó una mano, y luego un pie, dio dos saltitos a la derecha y uno a la izquierda. Y mientras lo hacía, los niños siguieron cada uno de sus movimientos. “eh ehem”-apuntó hacia sí con un dedo- “¿me pueden ver?”-preguntó incrédulo. A lo cual los niños asintieron lentamente. “Oh vaya…”- dijo, y entonces se dio media vuelta, saltó del pozo y huyó lo más rápido que pudo entre las casas. Al ver esto, los niños lo siguieron de inmediato.

-“¡Espera!”-le gritaron – “¡No te vayas!”- Pero la criatura continuó huyendo.

-“Tenemos que separarnos”- le dijo Mary a Paco.

-“Si”-contestó este-“lo cazaremos como lo hacemos con las lagartijas. ¡Tú bloquéale el camino!”

Así que se separaron y pronto la criatura se vio rodeada. Intentó escapar nuevamente, pero la calle era demasiado estrecha y Paco logró agarrarle del brazo.

-“¿Quién eres?”- le preguntó

-“o… qué eres?”-añadió Mary, recuperando el aliento

-“¡¿Cómo hozas tratar así a un miembro de la realeza?!”-exclamó la criatura, ofendida- “Suéltame humano. Me debes la vida y ¿así es como me lo agradeces?”

– “¿A que te refieres?”- preguntó Paco, confundido.

-“Te soltaremos si nos dices quién eres y qué haces aquí.”-dijo Mary.

La criatura hizo una mueca y los miró con perspicacia. –“mmm de acuerdo, pero”- dijo levantando un dedo – “deben prometer por el gran ___ que no le dirán a nadie sobre lo que han presenciado aquí, ni de las verdades que puede les comparta.”

Los dos niños se miraron de reojo -“Lo prometemos”-dijeron. Entonces Paco lo soltó.

La criatura se acomodó el pelaje y se irguió, adquiriendo un aire distinguido-“Mi nombre es Ixmún, príncipe de Viras y guardián del portal…entre otras cosas”-añadió rápidamente, pues no se le apetecía meterse en detalles.

-“¿Cómo?”- preguntaron

Ixmún suspiró-“Sabía que no me entenderían”-dijo sacudiendo la cabeza ligeramente, luego empezó a hablar casi para sí- “Los líos en los que me meto”-dijo exasperado-“primero los Wakrim”-se llevo las manos a la cabeza –“¡y ahora estos dos me han visto! …Todo por que el tonto hechizo de Mirla no ha funcionado”-refunfuño. Entonces se quitó una pequeña mochila de cuero que traía en la espalda y sacó de ella un frasco de cristal color morado-“tonto hechizo”-dijo, tirando el líquido al piso-“ahora tendré que hacer uno nuevo.”

-“¿para qué es ese hechizo?”-preguntó Paco

-“ah, es para que no me vean los humanos”-dijo distraído, mientras guardaba el frasco vacío-“ ni se percaten de las cosas que hago.”-entonces se dio cuenta de que lo había dicho en voz alta- “Ustedes no tenían que saber eso.”

Mary sonrió- “ni modo. Es tú culpa. Ahora nos tendrás que decir más cosas.”

-“Buen intento niña, pero no. Ya he dicho suficiente”- y empezó alejarse. -“Un gusto, y me despido”-dijo, haciendo una chistosa reverencia.

-“Espera”-le pidió Paco-“Todos se han transformado en piedra. Por favor…”

La criatura se detuvo, dio media vuelta y se acercó a ellos- “Fue el agua”-les dijo, apenado.

-“pero cómo, el agua siempre ha estado bien.”-dijo Paco

-“El agua de la lluvia”-precisó Ixmún- “La tormenta de anoche fue particularmente fuerte, ¿verdad? Eso fue por que no fue una tormenta normal.”-Entonces calló y les agarró la mano-“¿Ustedes viven aquí? Conocen a esta gente, ¿no es así?”-preguntó, echando una mirada rápida a algunas de las estatuas de piedra que estaban por la calle.

“Si”-dijo Paco

“Son nuestra familia”-añadió Mary

-“Lo lamento.”-dijo con pesadez-“Pero tengo prohibido compartir información sobre la tierra de Allende con humanos…pero”-añadió con solemnidad-“dado que este es un caso particular y que fueron afectados directamente, haré una excepción.”- y les sonrió –“Vamos, busquemos un lugar cómodo donde hablar”.

Así que Mary, Paco y la curiosa criatura de nombre Ixmún, regresaron al centro del pueblo y se sentaron a la sombra del pozo.

-“Verán”-comenzó Ixmún-“ lo que presenciaron ayer fue una tormenta mágica.” Así fue como Ixmún prosiguió a relatarles como en la Tierra de Allende, en donde se encontraba el reino de Viras, existían muchas criaturas y todos vivían en armonía. Sin embargo, no siempre fue así. Hacía mucho tiempo, cuando el mundo de los humanos y el de Ixmún todavía eran uno solo, el caos reinaba, pues los Wakrim andaban sueltos. –“Mi tatarabuela, la reina de Viras”-continuó Ixmún -“después de muchos años de guerra logró encerrarlos para siempre en una prisión especial, pero”-añadió- “este gran logro trajo un costo: la conexión entre la tierra de Allende y el mundo de los humanos quedó lastimada. Así que se plantó el gran árbol, la Ceiba de las flores doradas, para poder preservar la entrada entre su mundo y el mío. Entonces, como se imaginarán, surgió la necesidad de proteger la entrada y de vigilar a los seis Wakrim, esos horribles espíritus de bromas y destrucción, para que nunca volvieran a perturbar la paz. Aquí es donde entro yo”-continuó Ixmún- “pues, como príncipe de Viras, es mi deber custodiar a los Wakrim y guardar el portal que conecta nuestros mundos”.

-“¿y dónde esta ese portal?”-preguntó Paco con curiosidad

-“¿Que dónde está?”-preguntó Ixmún, sorprendido-“Pues está en la cima de ese cerro por supuesto.”- y apuntó hacia la colina con el árbol de flores amarillas en la cúspide- “La gran Ceiba se puede ver perfectamente desde aquí.”

-“¡¿Esa es la entrada?!”-exclamó Mary, sorprendida-“jamás me lo hubiera imaginado. ¡Está tan cerca!”

-“Habías mencionado a los Wakrim, ¿Qué es lo que pasó con ellos?”-preguntó Paco.

El semblante de Ixmún se ensombreció- “Los Wakrim son muy inteligentes y temo que lograron engañarme”-dijo afligido- “El día de ayer, se escaparon y cruzaron hasta aquí…la tormenta fue el quehacer de uno de ellos, el wakrim Ondulante.”

Paco y Mary se voltearon a ver, preocupados.

-“Entonces ¿el agua de la tormenta o, más bien, el wakrim ondulante, contaminó el pozo?”-preguntó Paco algo confundido

-“Así es”-dijo, Ixmún-“Los Wakrim pueden tomar muchas formas diferentes. Tantas que incluso yo no estoy del todo seguro cual es su forma verdadera. El wakrim Ondulate se autonombró así, sospecho porque le gusta alguna de las propiedades de las ondas. Él se mezcló con el agua de lluvia y cuando sus amigos y familiares la tomaron” -les dijo Ixmún-“se volvieron piedra.”

Mary bajo la cabeza y cerró los ojos con tristeza-“¿se quedaran petrificados para siempre?”-preguntó, con un hilillo de voz.

-“Por supuesto que no”-afirmó Ixmún con seguridad, a lo que Mary volvió abrir los ojos y lo miró esperanzada-“para eso estoy aquí.”-la reconfortó Ixmún-“En el momento en que los capture a todos, y atraviesen el portal de vuelta a Allende, todos sus malvados hechizos se romperán y todo volverá a la normalidad.”

Al escuchar esto Paco y Mary se alegraron y abrazaron a Ixmún.

-“Muchas gracias Ixmún”-dijo Mary

-“¿Cómo los capturarás?”-preguntó Paco, incapaz de contener su emoción.

-“Bueno, lo primero es encontrar en que formas se han convertido, para saber dónde se ocultan. Esto es lo más difícil sin duda, pero una vez hecho”-dijo, sacando una pequeña esfera de color rosa claro–“tan solo tengo que tocarlos con una esfera de águila y quedarán atrapados dentro de ella.”-y se la pasó a Paco y Mary para que la vieran-“Si se fijan atentamente”-continúo-“se puede entrever el oscuro contorno del Wakrim ondulante en el centro.”-dijo con una sonrisa orgullosa.

Paco y Mary quedaron impresionados ante esta revelación. ¡Ixmún ya había capturado a uno! Eso significaba que solo faltaban cinco y ya todo habría terminado.

-“Nosotros de ayudaremos.”-le aseguró Paco de repente-“Te ayudaremos a capturar el resto de los Wakrim.”- Comentario al que Mary asintió decidida. 

-“¿Qué dicen?”-preguntó atónito Ixmún-“no pueden venir conmigo. ¡Es demasiado peligroso!”

Mary y paco intentaron reclamar, pero Ixmún no quiso escuchar ninguno de sus argumentos. “Les agradezco sus intenciones, pero es demasiado peligroso”-continuó- “a demás que, como guardián del portal, arreglar este lío es mi responsabilidad y de nadie más.” Paco y Mary no estaban de acuerdo, pero no tuvieron más opción que resignarse a permanecer en el pueblo y dejar a Ixmún partir.

-“Me iré dentro de poco”-les dijo-“pero antes les enseñaré como limpiar el agua. Así cualquier rastro que haya quedado del Wakrim, no los lastimará.”- Entoces Ixmún les pidió que le trajeran una olla, encendió un fuego y la llenó de agua del pozo. “Deben esperar a que empiece a burbujear”-les dijo Ixmún-“Hagan esto con cualquier agua que este al aire libre o que crean puede estar contaminada.”-Paco y Mary asintieron sin mucho afán, pues seguían muy tristes de no poder acompañarlo. –“Bueno, me despido”-dijo, y les hizo una curiosa reverencia a cada quien -“ha sido un honor conocerlos, Paco y Mary.”

Entonces se dio la media vuelta, dio unos cuantos pasos y luego se paró y miró a su alrededor. Luego volteó hacia donde estaban Paco y Mary, los despidió de nuevo con la mano, y giró hacia la izquierda, caminó en esa dirección unos cuantos pasos más y se paró de nuevo. Entonces se rascó la cabeza.

 Al ver todo esto, Paco y Mary se miraron extrañados y una pequeña sonrisa apareció en sus labios. ¿Era posible que Ixmún no tuviera ni idea de adónde ir, ni como llegar de un lugar a otro?

-“Ixmún”-dijo Paco, acercándose a él y reprimiendo una risita-“Si sabes como salir de Soledad, ¿no?”

-“¡Por supuesto que sé!”-dijo ofendido- “si pude entrar, evidentemente puedo salir”- y se cruzó de brazos – “es solo que las casas me confunden un poco.”- dijo obstinado y volvió a echar un vistazo alrededor, intentando orientarse.

-“¡Pero sí Soledad sólo tiene dos calles!”-dijo Mary, divertida-“¿cómo le harás para ubicarte en el restó de los pueblos?”-le preguntó.

-“¿Y cómo viajarás hasta ahí?”-continúo Paco.

-“Pues la verdad es que aún no lo sé”-admitió Ixmún-“Tengo que admitir que su mundo es muy distinto al mío. Hay tantas cosas extrañas y curiosas aquí…”-dijo y volvió a contemplar al pueblo y a los dos humanitos que tenía delante de él. –“Tal vez”-dijo resignado-“sea cierto que necesito un poco de ayuda.”

Al escuchar esto Paco y Mary saltaron y rieron de la emoción y acordaron ayudarle a Ixmún en todo lo que necesitara. A esto, Ixmún también rió.

-“Esta bien, de acuerdo”-dijo-“pero si van a ayudarme tendrán que mejorar en algunas cosas”-les advirtió-“ Para poder abrir el portal, se tienen que colocar las seis esferas de águila alrededor de la ceiba casi al mismo tiempo, por lo que cada quien tendrá que subir la colina de un lado distinto. La colina es bastante empinada, por lo que tendrán que mejorar mucho su condición física. Sin contar que los Wakrim son fuertes y agiles, intentarán escapar por lo que ustedes tendrán que ayudarme a retenerlos.”

-“Eso no es problema”-afirmó  Mary-“nosotros somos muy fuertes.”

-“ah pero tendrán que ser más fuertes aún”-le aseguró Ixmún. –“vamos, hagan esto conmingo”-dijo. Entonces Paco y Mary empezaron a imitar las distintas series de ejercicios que les pedía Ixmún. Para desilusión de Paco y Mary, se cansaron muy rápido y ya les faltaba el aire cuando por Ixmún se detuvo.

-“Ves…Ix-Ixmún”-dijo Paco todo sudado y con las manos en las rodillas mientras se intentaba recuperar-“Fue pan comido”-mintió-“somos muy fuertes.”

-“Sí ya lo veo”-dijo Ixmún, sarcático-“es un alivio porque eso apenas es el calentamiento.”-les dijo con una sonrisa y rio un poco-“no se preocupen, que tenemos mucho tiempo para que mejoren.”

Paco y Mary regresaron a sus casas y empezaron a empacar las cosas que necesitarían: agua, un poco de comida, lámparas, gorras, cobijas, algunas vendas y un sin número de otros pequeños artefactos que serían útiles para su viaje. Mientras tanto, Ixmún se la pasó curioseando por todo el pueblo, y recolectó una que otra cosa que le llamara la atención y constantemente buscaba a Paco o a Mary para que le explicara cual era el funcionamiento de las cosas que encontraba. -“Eso es un colador”-le decía Paco-“es una malla que filtra cosas.” O –“ese es un ladrillo”-le decía Mary-“los usamos para construir casas”. Pero pronto se hartaron después de que Paco se tardó una hora intentando de explicarle la diferencia entre una lupa y unos lentes, y el por qué él no se podía poner la lupa frente a su ojo derecho, el cual estaba perfectamente sano, para ver mejor .“Ixmún”- por fin le dijo Mary en la tarde noche-“si quieres te contestamos tus dudas mañana en el camino, ya es tarde y Paco y yo aún tenemos varias cosas que empacar.” Para alivio de los dos, Ixmún se mostró de acuerdo y pronto terminaron todo lo que tenían que hacer. Poco después, se juntaron a la salida del pueblo y al lado de las vías del tren, pero antes de cenar, Ixmún se alejó un poco y Paco se percató de que hacía una extraña serie de movimientos con sus manos. Curioso, pensó en preguntarle qué era eso, pero cuando Mary le pasó un poco de comida, el sueño y el hambre lo distrajeron. Ixmún regresó unos minutos después, todos acabaron de cenar y durmieron contemplando las estrellas.

Al día siguiente, temprano en la madrugada, vieron un tren que se acercaba a la distancia. Poco después pudieron escuchar el raqueteo de las llantas sobre los rieles y cuando estuvo lo suficientemente cerca, se treparon a él y se escabulleron dentro de uno de los vagones. Entre las cajas y guiados por los brillantes rayos de luz que se colaban, Paco, Mary e Ixmún se acercaron a una de las paredes, y vieron a través de las rendijas de metal el paisaje que dejaban atrás. Era sin duda alguna, el inicio de una maravillosa aventura.

Autor: C-lina